Entre mi hijo y yo, la luna

Libro: ENTRE MI HIJO Y YO, LA LUNA
Páginas: 245

Ilustraciones: A 1 COLOR

Medidas(cm.): 22,5 X 15,5 X 1,6

Peso: 440 GR.

Precio U$S: 50

1º edición: Editorial Ambiente de Buenos Aires, 1982.
2º edición: Ediciones Milgraf, Montevideo, 1986. 3º Edición: Editorial Planeta, Buenos Aires, 1993.
4º edición: Ediciones Casapueblo, Uruguay 2000.

En 1972 un grupo de jóvenes jugadores de rugby del Colegio Old Christians de Montevideo partió en gira deportiva hacia Chile. El avión, sorprendido por una tempestad, perdió todo contacto radial y cayó en la Cordillera de los Andes sin dejar huellas. Uno de los jóvenes era Carlos Miguel Páez Rodríguez, hijo del artista uruguayo. Al conocer la noticia, Páez Vilaró se trasladó de inmediato al lugar de la tragedia y se sumó al operativo de búsqueda y rescate organizado por el gobierno chileno. A pesar del sostenido esfuerzo, luego de ocho días de rastreos infructuosos cesaron las batidas y se dio por muertos a los accidentados. Sin embargo, Páez Vilaró no se dio por vencido: en una época de tormentas continuas y tensiones políticas considerables, reclutó voluntarios, consultó videntes y rabdomantes y se internó en las montañas en una búsqueda desesperada de su hijo. A tres meses de ocurrido el accidente, su perseverancia dio frutos: ante la incredulidad y el estupor general fueron hallados dieciséis sobrevivientes de la tragedia. Entre ellos estaba Carlos Miguel.

Veinte años después del episodio, unjo de los más dramáticos y escalofriantes de la humanidad, su padre escribe esa historia angustiante y dolorosa que terminó con el feliz reencuentro de un padre con su hijo en las vísperas de Navidad.

“Si no me encuentras enseguida, no te desanimes;

Si no estoy en aquel sitio, búscame en otro.

Te espero…, en algún sitio estoy esperándote.”

WALT WHITMAN

“Cada vez que veo la luna, pienso

que mis padres también la están

mirando y eso me mantiene junto

a ellos.”

“Cuando la luna aparece detrás de

las montañas pienso que mi hijo

seguramente la estará observando.

Tal vez sea lo único que ambos

podemos ver sin vernos y nos

sirva de espejo para mantener

nuestras imágenes estrechamente

unidas.”

“…Entonces se produce lo inevitable: alguien trae la noticia de que no hay información del hallazgo del avión. Las ilusiones se derrumban en todos y los sollozos cubren los comentarios. Debo preparar mi viaje de inmediato y como sólo llevo lo puesto, Mercedes abre el ropero de Carlos Miguel y me dice:

Papá, si Carlitos te saca a ti la ropa para viajar, ¿por qué no haces tú lo mismo y te pones la suya?
Ella tiene razón y me pruebo lo que me queda mejor. Voy hasta el cuarto, abrazo a Madelón, a Buba, a las chicas, que en la misma cama están llorando confundidas en una sola forma, y les prometo que volveré con Carlitos a toda costa.

- Estamos seguras papá –me dice Agó – siempre que nos prometiste algo lo cumpliste.

Con cuidado paso por encima de los amigos de mi hijo que, vencidos por el sueño en la larga espera, duermen amontonados sobre la alfombra o en el pasillo.

Aún me faltan algunas horas para partir pero la ansiedad me empuja a irme al aeropuerto. Para ganar tiempo, para hacerme a la idea de que ya estoy en marcha, para no demorarme en el encuentro con mi hijo….”

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